Juzgados según las obras
Muchos piensan que serán absueltos porque “no han hecho nada malo”:
no han matado, no han robado, no han cometido algo “gordo”.
Pero… ¿y si esa no es la medida real?
¿Y si el espejo donde debemos mirarnos no es la moral mediocre de “cumplir lo justo”,
sino el arquetipo vivo de Jesús el Cristo?
Ahí cambia todo.
Porque frente a ese modelo de amor sin condiciones,
de entrega hasta la última gota,
de perdón al enemigo…
todos salimos mal parados.
El juicio no será un juez con mazo,
sino un espejo encendido en lo profundo de nuestra alma.
Y en ese reflejo veremos con claridad:
no cuánto evitamos el mal,
sino cuánto amamos, servimos y nos dimos.
Esa es la balanza verdadera.
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