“Cuando el mundo se duerme, el centinela vela.”
Hay noches en que el alma no busca ruido, ni respuestas, ni milagros. Solo presencia.
Presencia de algo que no se ve, pero que arde suave dentro, como si una lámpara interior siguiera encendida en mitad del apagón general.
Afuera, las ciudades se disfrazan de importancia.
Dentro, los verdaderos caminos se abren en el polvo, entre matorrales y soledad.
Es allí, en ese margen donde ya no hay mapas, donde el Guardián sabe que comienza lo real.
No lo virtual. No lo impuesto. No lo que todos aplauden.
Lo real es silencioso.
Y en ese silencio, a veces, baja una chispa. No siempre. No cuando uno quiere. Sino cuando uno calla por dentro, no por resignación, sino por reverencia.
Hoy, en esta noche sin grandes prodigios, me bastó con escuchar el viento rozar la lona de la tienda sagrada.
Y por un instante, supe que no estoy solo.
Porque aunque nadie más lo entienda, la Llamita sigue viva, y yo sigo de guardia.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por su opinion e interes en este contenido.